Retomamos la sección "Conversaciones" con nueva charla. Un dialógo muy didáctico e interesante con un tipo que tiene muchas cosas que contar. Es Juanjo Andaní un
acumulador musical, centrado principalmente en los singles y eps de
siete pulgadas, verdadero rastreador de lo insólito, obsesionado particularmente en el aspecto gráfico y visual de
estos artefactos.

Autor de varios libros acerca de tan candente temática (el arte de las portadas, por resumirlo de manera escueta, aunque suele ir bastante más allá) como
son “Mis canciones de los 60” (2002) y “Hay tantas chicas en el mundo.
Iconografía femenina en el vinilo español de 1954 a 1990” (Ed. Milenio) y también colaborador en otros como “Historia
del rock en la comunidad valenciana” (Avantpress, 2004) se mueve como pez en el
agua en el proceloso mar de los libros y de los discos, en su envoltorio y en como este asunto ha
construido parte de su devenir vital, de su pasado y de su presente.
Es también -bueno, fue- bajista entre 1968 y 1974 del grupo Control, coautor de ese himno -para algunos- que ha terminado siendo "Nadie...nada".
La verdad es que no se
por donde comenzar. Así que lo haré por lo más obvio. ¿Tienes algún nuevo proyecto en marcha?
Sí, ahora mismo estoy inmerso
en un nuevo proyecto relacionado con mi
obsesión. Un libro acerca del grafismo, el diseño y el arte de las portadas. De
hecho últimamente casi todos los discos que me estoy comprando tienen que ver
con ello. Completar huecos que tengo, relacionados con los capítulos en que quiero se divida. De hecho, algunos ni los he escuchado todavía, los tengo por aquí
amontonados, esperando el momento para poder hacerlo.
¿Qué es lo primero que
buscas?, ¿Firmas?
No, no especialmente. El futuro libro en un principio giraba en
torno al diseño gráfico de las portadas hecho en España, así que con me gustase
a mi era más que suficiente, más allá de autores. La premisa era que tenía que
ser dibujo, diseño, pero no arte fotográfico. Hay algunas que combinan ambos aspectos y pueden entrar, pero lo primero era
innegociable.
También me interesan ciertos autores; Bort, que está de moda –y tiene
sobrados motivos para estarlo- Val, Botía…
¿Cómo surgió la idea y en
que crees que terminará?
Hablando con Javier, de
la editorial Milenio, con quienes ya publiqué “Hay tantas chicas en el
mundo”, surgió la idea de que preparara
otro disco en la línea de aquel. Le hablé de varios temas que se me ocurrían,
aunque yo, por mi cuenta y riesgo me decanté por uno… bueno, tampoco es
exactamente así, sino que la idea inicial tiró por ahí. Hay veces que los
libros salen solos, que te dirigen a algún lugar… el caso es que me salió un
libro yo creo que muy chulo pero que al parecer tenía excesivo texto.
No se si recuerdas un libro de hace casi
veinte años llamado “El florido pensil”. Estaba centrado en la memoria de la educación nacional católica de la posguerra, en su aspecto gráfico, partiendo
de enciclopedias de la época, publicidad, libros de texto, etcétera. Yo también colecciono papel, Postales,
revistas, enciclopedias antiguas…
¿Relacionado
exclusivamente con la música?
No. O no sólo más bien. Diría que
más relacionado con el diseño gráfico español.
Sigo; lo que me rondaba la cabeza era hacer algo de ese estilo, centrado sobre todo en mis recuerdos más que en un tema en concreto. Partiendo de las portadas de discos relacionarlas con mi memoria a lo
largo del tiempo, tocando distintos palos; música, sociología, política, arte, cine y todo lo que se me ocurriese para luego añadirle textos míos. Pero la cosa fue
creciendo y en opinión de la editorial los textos ocupaban más de lo que ellos
pensaban, me dijeron que les parecía casi más literatura que arte gráfica. A mi su opinión
me dejó descolocado y en un arrebato dije “Vale, pues voy a hacerte un libro
solo de portadas”, una detrás de otra. Eso fue hace casi dos años.
Más tarde llegamos a un entente cordiale y
tiré más hacia el aspecto gráfico. Me meti muy a fondo, como acostumbro, y
aunque pensaba que controlaba bastante, lo que acabé por advertir, conforme me
iba sumergiendo, era lo mucho que me faltaba por saber.
¿De dónde sacas el
tiempo? Porque imagino que tu tienes una vida profesional alejada de esto. ¿Cómo lo haces?
Principalmente
madrugando. Duermo poco. Me levanto a la cinco, cinco y media y hasta que
marcho a trabajar estoy aquí, en mi estudio viendo cosas. Consulto libros, páginas de internet, discos, etcétera.
Pasemos a tu faceta
musical. Fuiste bajista y compositor en el grupo Control…
Sí, aunque no grabé con
ellos nunca.
¿Y éso?
Te cuento. Dos meses antes ir a
grabar a los estudios Belter de Barcelona nos ofrecieron un contrato para actuar en Ibiza. Estábamos entusiasmados. Justo entonces me sale un
trabajo y me echo novia, la que hoy es mi mujer. Yo era un tio responsable y
me dije que había que trabajar. Lo que me ofrecían era más que dos meses en verano.
Debía tener 21 años, era en 1971. Decidí aceptarlo.
Había estado en Control
desde el principio, incluso antes de existir Control, desde los Riders. Los
Riders fue mi primer grupo, en el que ya estábamos Manuel Pérez Gil y yo desde su
creación y también el batería Paco Aranda, aunque éste entró muy al final. De allí pasamos
a los Cronick’s y después ya creamos Control con Vicente Payá y Enrique Ayala.
Comenzamos a actuar por la provincia.
Tocábamos cosas avanzadas para
entonces, rollo La Masa y tal. He de decir que no lo hacíamos mal del todo.
Cuando nos salió lo de Ibiza ya lo teníamos
todo preparado. Las canciones, los arreglos, las voces. Habíamos firmado para dos singles. Sólo faltaba grabarlos.
Pero no fui. De hecho tampoco aparezco como compositor. En el disco está
acreditada la autoría al grupo y en autores tuvo que firmar Vicente Payá, el
teclista, porque era el único que tenía aprobado el examen del sindicato que
certificaba que había estudiado música.
Nadie... nada
“Nadie…nada” la compusimos entre Enrique y yo.
Si te soy sincero nos parecía pachanguera. A nosotros la que realmente nos
gustaba era “Puede ser”. Era la época de Crosby, Stills & Nash, de Vanilla
Fudge…. “You keep me hangin’on” nos flipaba, con su solo, su órgano, siete minutos y pico de locura. Intentamos
mezclar ambas cosas junto al primer Santana, que también nos gustaba muchísimo. Había una
mezcla muy chula ahí. Así que “Nadie…
nada” era prácticamente relleno, aunque luego Belter decidió meterla como cara
A.
Puede ser
¿Sabes del aura que tiene
hoy en día esa canción en según que círculos?
Sí. Hace unos años me lo
comentó Vicente Fabuel, uno de los dueños de Discos Oldies y no me lo podía creer.
¿Qué representó para ti tomar la decisión de dejar Control?
Al principio casi me
sumió en una depresión. Era un crío, tenía muchísima ilusión. De repente me vi vestido de traje y corbata yendo a trabajar todas
las mañanas en vez de estar en Ibiza actuando. Imagínate. Fue una temporada
terrible, hasta que me hice la idea.
¿Mantenéis relación hoy
en día?
Sí, claro. Todavía nos vemos
a veces. El que más se ha descolgado es Paco Aranda, no por nada, sino por su
profesión. Hoy en día es un batería de Jazz muy reconocido a nivel europeo. Ya
de crío destacaba. De hecho cuando alguna figura caía por Valencia solían
llamarle para actuar con ellos. Por entonces no solían venir con la banda
completa y reclutaban músicos del lugar. Paco siempre era el primer batería que
solicitaban.
¿Qué recuerdos tienes de la
época en que comenzasteis?
Aquello fue una explosión
social, cultural… un terremoto. A nuestro nivel, pero lo fue. Tuvimos la suerte
que a diferencia del cine, la literatura y otras disciplinas era algo nuevo,
todavía no catalogado. Era
considerado por el poder como una
locura pasajera, algo casi residual que desaparecería con la misma rapidez que
había surgido, así que durante unos años pudimos hacer lo que nos dio la gana.
Por aquel entonces, hice referencia antes,
para que veas el nivel de los que mandaban, se necesitaba un carné para poder
actuar. Lo emitía el único sindicato que existía. Pues bien, tenías que
presentarte, interpretar una pieza musical de tu elección y te aprobaban o no.
Yo había estudiado cinco años guitarra clásica y resulta que va y me suspenden.
Se me ocurrió interpretar una pieza de Villalobos un tanto compleja y al tío
debió de sonarle a chino. Cuando termine –miento, no me dejó ni terminar- me dijo que porque no había tocado algo de
flamenco. Inmediatamente pensé “Este cabrón no tiene ni puta idea de que es
esto”.
Más tarde me dieron el carné sin ni siquiera
examinarme. Aprobado general. Ese día estaría de buen humor, o tendría prisa, y
nos aprobó a todos. En realidad era todo una patochada musicalmente hablando,
era más bien un sistema para tenernos a todos los que actuábamos por ahí
controlados. Vuelvo a tu pregunta. Yo tenía 14 años en
1963. Así que te puedes imaginar. Fue la primera vez que cogí una guitarra
española. Nos juntamos cuatro amigos y empezamos a tocar. Más adelante pasamos a actuar en verbenas y fiestas. No
teníamos más que guitarras españolas. Una guitarra eléctrica costaba una
fortuna. Como diez o quince veces lo que una española. A una de batalla me refiero, nada
especialmente bueno. Recuerdo que en una de nuestras primeras actuaciones, con
la arrogancia del adolescente, pensando que ya éramos músicos -¡Porque habíamos
actuado una vez!- un señor se nos acercó con toda la buena fe y nos dijo
“Tenéis que ensayar más”. Me sentó fatal. ¡Si llevábamos dos meses ensayando!.
Con catorce años dos meses te parecen un mundo, ¿verdad?.
Salieron grupos como setas, todo el mundo en
Valencia tocaba la guitarra. Recuerdo también que había buen rollo, curiosidad
para ver que hacía los otros. Molaba.
¿Notabais el peso y la
miseria moral del final del franquismo?
En cuanto a la música
no. Supongo que con las figuras habría
más presión, otra actitud. Nosotros no éramos nadie. De provincias, críos y
hacíamos rock and roll. Actuábamos en provincias, Murcia y Albacete como muy
lejos. Además todavía no teníamos repertorio propio, tocábamos los éxitos del
momento, las canciones que nos gustaban.
Antes de cada actuación
¿Os pedían una lista de lo que ibais a tocar?
No siempre. Era algo
aleatorio. Cuando se les ocurría aparecía un tipo de autores y nos entregaba
una hoja que teníamos que rellenar. A veces ni siquiera la recogían. Lo que si hacían a veces es aparecer con las
hojas ya cumplimentadas con un repertorio escrito por ellos (canciones de
amigos, de compañías que les pagaban algo, o simplemente de quién les cayese
más simpático) para hacer caja. La corrupción anidaba hasta ahí.
Lo de la censura, por seguir por el terreno de lo inaudito,
era algo incomprensible. Pegatinas en los discos advirtiendo a las emisoras lo
que podía y no podían radiar, generalmente por la razón –si puede llamarse
razón- más peregrina. En mi libro “Hay tantas chicas en el mundo” hay un breve
capítulo dedicado a ella.
¿Cuándo comenzaste con
esto del coleccionismo?
Bastante más tarde.
Cuando tuve medios. Entonces no teníamos un duro. Comencé recuperando canciones. Canciones que me gustaban de
entonces y que habíamos tocado en directo, ya fuese con los Riders, con los
Cronick’s o en Control. Los discos que tuve o bien estaban destrozados de
tanto haberlos escuchado o bien habían desaparecido. Fue más adelante cuando comencé a
fijarme sobre todo en la parte gráfica.
¿En qué formato?
Para escuchar me daba
igual Cd que Lp. De hecho tengo muchos cds, no soy nada talibán en cuanto a escuchar música. Está claro que
a nivel de comodidad, en comparación con el disco, son imbatibles. Aunque
claro, imagino que todos tenemos claro que comprar discos es algo más –no digo
mejor sino otra cosa- que comprar música. Y a nivel gráfico, el aspecto que me
interesa especialmente, el disco es el vencedor incontestable. Es un objeto, un fetiche. Es arte
y música.

Yo lo que realmente colecciono son singles y
Eps españoles. Por el diseño y eso. Comencé a completar, casi como si fuesen
cromos, portadas de artistas que incluso a veces no me gustaban. Más tarde me
puse en contacto con diseñadores, gente ya muy mayor, a los que cuando les
comentabas algún diseño suyo que me flipaba, no lo recordaban. Me decían, casi
avergonzados, que eran pecados de juventud. Otros –que hoy son pintores de
relieve- directamente me parece que no querían recordarlo. A menudo una extraña mezcla de pudor y de vergüenza.
¿Alguna vez pensaste que
el mundo del coleccionismo iba a tomar los derroteros que ha tomado?
No, jamás. De hecho ni tan siquiera lo pensé. No creo que nadie lo hiciese. Entonces
apenas comprábamos discos, no nos los podíamos permitir. Ibamos a las tiendas
en comandita y a lo sumo comprábamos uno. Y a veces ni eso, solo a escuchar,
pendientes de que no nos tirasen de la tienda.
Claro, los discos que teníamos nos los sabíamos de memoria a base
de escucharlos una y otra vez. A partir de finales de los setenta comenzó a reeditarse
material de los sesenta pero hasta entonces no había otra manera de tener esas canciones más
que con los discos originales; Hollies, Kinks, etcétera. Y me pasaba una cosa
muy curiosa; comprarme un disco de segunda mano me daba un repelús del copón.
Yo quería disco nuevo, nada de
segunda mano. Más tarde ya se me paso la tontería. Y hasta hoy.
¿Dónde solías comprar?
Ya te he contado que
hasta finales de los setenta no comencé a comprar. Había muchas tiendas, había
discos por todas partes; tiendas especializadas, ferreterías, tiendas de
electrodomésticos. Hasta en quioscos.
Recuerdo que una vez, paseando, pasé por una tienda
de electrodomésticos pequeña, de barrio. Parecía a punto de cerrar. Vi una caja
con discos y entré. No sé por qué, me rondaba en la cabeza que quería un disco
de éxitos de los Rolling Stones. Vi uno negro y me lo llevé. Completamente nuevo. Ni miré los
títulos. Me costó casi nada. Cuando llegué a casa vi que era un disco oficial.
Me enfadé y lo guardé en la estantería. Tiempo después supe que lo que había
comprado era su primer Lp en la primera edición española, con la galleta
naranja con letras menos legibles. Hoy cuesta una pasta, pero entonces, yo al
menos, no tenía ni idea.
De hecho, como te he dicho, yo no soy un
coleccionista de Lps, tengo un par de miles, pero sin ningún afán completista.
Lo que de verdad me gusta es el disco pequeño. Con su portada y eso.
¿Algún criterio en
especial?, ¿Qué tipo de música te gusta?
Una cosa es lo que
colecciono y otra lo que me gusta. Musicalmente me refiero. Disfruto muchísimo
de la combinación de portadas y música pero no suele darse. Por separado
también lo hago, primando, eso sí, el aspecto gráfico.
Este mismo – toma uno que esta sobre un
montón en la mesa de su despacho-. ¿Por
qué cojones tengo este disco? –ríe-. Pues porque es de un sello rarísimo, que
nunca había visto, Dimar, del que solo conozco dos referencias. Musicalmente
pues ya ves. Es Pucho Boedo, cantante de Los Trovadores de la Coruña y posteriormente de
Los Tamara.
La música que realmente me gusta es aquella
que forma parte de mis recuerdos. Los grupos ingleses de los sesenta, Vanilla
Fudge, el Soul, CS&N… “Carry on” probablemente sea mi canción favorita. La
versioneábamos en Control y nos salía de muerte.
¿Dónde compras discos hoy
en día?
Principalmente en Oldies,
si me preguntas acerca de una tienda física. También en Todocoleccion. Y me
llevo sorpresas todos los días. Con esto pasa como con todo. Hay discos que
compre por tres pesetas hace veinte años y que siguen valiendo eso hoy en día e imagino que por los tiempos. En cambio hay otros que se han revalorizado. (Me enseña el ep de Colores para el sello BOA).
Una pieza.
Es mejor olvidar
¿Piensas que es un mundo
en mutación constante?
Absolutamente. Generalmente los discos los escucho una vez y los archivo. Pueden pasar años hasta que
vuelva a oírlos. Suele ser porque leo algo, porque algún amigo me comenta… Enseguida
voy a ver si lo tengo. Consulto mi base de datos y si esta perfecto. En caso
contario ya sabes lo que hay.
¿Cambias?, ¿Vendes?
No. Tengo una regla. Disco que entra en
casa no sale. No compro segundas copias salvo que sea para mejorar la que ya
tengo. Soy un tipo con manías y solo de pensar que alguien puede coger un disco
mío, verlo, chequearlo –algo muy lógico por otra parte- ya me pongo enfermo.
Soy un mal vendedor.
Volviendo a Control
¿Conserváis grabaciones inéditas?
Algo hay. Cuando salieron
los dos sencillos en Belter el grupo como tal (sin estar yo) siguió un año
más. Después tres de ellos lo dejaron y Paco Aranda y Vicente Payá reclutaron a
dos nuevos miembros con los que grabarían el tercer y último single ya en
Polydor -"Mis Juegos de ayer"- . Los que lo dejamos grabamos alguna cosa, para entretenernos. Incluso teníamos la pretensión de grabar un disco.Esta registrada
de aquella manera, en un Revox de dos pistas que yo tenía. Deben de estar por algún sitio.
¿Tienes pensado que va a
pasar con todo esto el día de mañana?
Sí. Soy muy organizado. Tengo
dos hijas. A ambas les gusta la música, especialmente a la pequeña, una
verdadera aficionada. Así que hemos acordado que los cds para la mayor y los
discos para ella. Hasta tengo un amigo común señalado como albacea. O más bien
como consejero…
Para terminar, ¿Algún proyecto en mente?
Sí. Es una cosa remota, difícil.
Pero es una idea que me ronda la cabeza desde hace tiempo. Tengo, desde hace
más de una década correspondencia por mail (aparte de innumerables charlas) con
un amigo común. Generalmente hablando de música aunque no sólo. Y los tengo
todos guardados…
¡Ostras! Como Torres con
Urdangarín. O los papeles de Bárcenas.
¡Jajajaja! … un poco así,
sí. Bueno, ahora en serio, me gustaría que acabase tomando la forma de un
libro. Editado y podado, claro. Hay algunos verdaderamente antológicos...
Masticando ese deseo termina nuestra charla. Podría haber estado horas y horas escuchándole. Mientras pienso en ello me enseña discos, libros. Me alerta sobre sus últimos redescubrimientos y me permite
tomar unas cuantas fotografías.
Un verdadero señor Juanjo Andaní, con un gusto
intransferible, de muy vasto recorrido. Sorprendente.